viernes, 27 de febrero de 2009

EL ALBA ROJA


EL ALBA ROJA
Escrito 1882
RUBEN DARIO, poeta nicaragüense.

¡Oh, señor… El mundo anda muy mal: la sociedad se desquicia. El siglo que viene verá la mayor de las revoluciones que han ensangrentado la tierra. El pez grande se come al chico? ¡Sea!... Pero pronto tendremos el desquite. El paupérrimo reina, y el trabajador lleva sobre sus hombros la montaña de una maldición. Nada vale ya el oro miserable. La gente desheredada es el rebaño eterno para el eterno matadero.
¿No se ve tanto ricachón con la camisa como si fuera de porcelana, y tanta señorita estirada envuelta en seda y en encajes? Entretanto, las hijas de los pobres, desde los catorce años tienen que ser prostitutas o son del primero que los compra.
Los bandidos están posesionados de los bancos y de los almacenes. Los almacenes son el martirio de la honradez: no se pagan sino los salarios que se les antoja a los magnates, y mientras el infeliz logra comer un pan duro, en los palacios y casas ricas los dichosos se atracan de trufas y faisanes. Cada carruaje que pasa por las calles va apretando bajo sus ruedas el corazón del pobre. Esos señoritos cacoquimios y esos cosecheros ventrudos son los ruines martirizadores ¡yo quisiera una tempestad de sangre! ¡yo quisiera que sonara ya la hora de la rehabilitación de la justicia social! ¿No se llama democracia a esa quisicosa política que cantan los poetas y alaban los aradores? Pues ¡maldita sea esa democracia! Eso no es democracia, sino baldón y ruina.
El infeliz sufre la lluvia de plagas, el rico goza. La prensa venal y corrompida, no canta sino invariable salmo de oro. Los escritores son los violines que tocan los grandes potentados. El pueblo está enfangado y pudriéndose por culpa de los de arriba; en el hombre, el crimen y el alcoholismo; en la mujer la prostitución; así la madre, y así la amante que la cobija.
Con que ¡calcule usted! El centavo que se logra ¿para qué debe ser sino para el aguardiente?
Los patrones son ásperos con los que les sirven.-Los patrones en la ciudad y en el campo son los tiranos.- Aquí le aprietan a uno el cuello; en el campo, insultan al jornalero: le escatiman el jornal, le dan a comer lodo y, por remate, le violan a sus hijas. ¡Todo anda de esta manera!
Yo no sé como no ha reventado ya la mina que amenaza al mundo, porque ya debería haber reventado. En todas partes la misma fiebre; el espíritu de las clases oprimidas se encarnarán en un impecable y futuro vengador. ¡La onda de abajo derrocará la masa de arriba! (La Comuna).
La Internacional, el Nihilismo, eso es poco; falta la enorme y vengadora coalición!
Todas las tiranías se vendrán al suelo, la tiranía política, la tiranía religiosa. Porque el cura es, también, el aliado de los verdugos del pueblo.
El canta su “Te-Deum” y reza su “Pater noster”, más por el millonario que por el desgraciado.
Pero el anuncio del cataclismo está ya a la vista de la humanidad, y la humanidad no lo ve o no lo quiere ver. ¡Lo que verá bien será el espanto y el horror el día de la ira!
No habrá fuerza que pueda contener el torrente de la fatal venganza! Habrá que cantar una nueva marsellesa que, como los clarines de Jericó, destruya la morada de los infames.
El incendio alumbrará las ruinas. El cuchillo popular cortará los cuellos y vientres odiados; las mujeres del pueblo arrastraran los cabellos rubios de las vírgenes orgullos; la planta del hombre descalzo pisara la alfombra del opulento y el cielo verá, con tenebrosa alegría, entre el estruendo de la catástrofe redentora, el castigo de los altivos malhechores y la suprema y terrible de la miseria borracha.

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